miércoles, 15 de diciembre de 2010

OBSTÁCULOS PARA HABLAR EN PÚBLICO.



PRESENTACIÓN:

Hay situaciones claras en que las mujeres se sienten avasalladas y saben que deben reaccionar de forma asertiva para defender sus derechos. Sin embargo, en otras ocasiones no es fácil identificar las agresiones. Los hombres en la arena política y empresarial utilizan algunas técnicas suficientemente sutiles como para que las mujeres no se den cuenta de ellas o, a lo sumo, sientan un malestar inespecífico que no saben exactamente a qué responde ni cómo hacerle frente a situaciones de invisibilización.


OBJETIVOS DE LA ACTIVIDAD:
Pensar en situaciones similares que nos hayan pasado.
Ser conscientes  de las situaciones que funcionan como obstáculos para hablar en público.
Definir estrategias para hacer frente a estas situaciones.
Compartir las experiencias con tus compañeras y pensar en positivo soluciones o técnicas de éxito que hayáis utilizado en circunstancias similares


INSTRUCCIONES:
Imaginemos una situación donde nos hemos sentido invisibilizadas.
Definamos cuales son los elementos que nos han dificultado la comunicación.
Para representarlos, dibujemos un muro y los elementos que nos han impedido tener seguridad en nosotras mismas.


APOYO:

Para comprender el ejercicio leer las observaciones realizadas por Sara Berbel:

De hecho, el movimiento de mujeres del Partido de los Trabajadores de Noruega ha identificado una serie de circunstancias a las que llaman “Técnicas de dominación” a causa de las cuales las mujeres son sistemáticamente relegadas o menospreciadas. Ellas han descubierto que a menudo los hombres emplean estas técnicas para conservar su poder y las utilizan no sólo para la opresión de género sino para la opresión de otros grupos que puedan resultar rivales en algún momento. Consciente o inconscientemente, esos métodos se usan contra las mujeres y las hacen disminuir la confianza en sí mismas, de ahí la importancia de desenmascararlas, al tiempo que aprendemos a no usarlas en nuestro propio ejercicio político. Algunas de las más utilizadas son las siguientes:
·         Ridiculización. A menudo se utilizan chistes, dibujos y gráficos que contribuyen a reforzar actitudes arraigadas. Por supuesto, no nos referimos a la sana costumbre de reírse con humor de una misma, sino a situaciones que ponen a las mujeres de forma individual y colectiva en situación de ridículo. Si se analizan bromas y dibujos políticos de hombres y mujeres, se observa que varían enormemente según el género ridiculizado. Las representaciones cómicas y chistes de políticos varones casi nunca se refieren a sus genitales o a aspectos físicos por debajo de su cuello, mientras que las caderas femeninas, los pechos y las piernas son un objetivo favorito para todo tipo de chistes. Este tipo de ataques dejan a menudo indefensas a las mujeres que son objeto de los mismos pues son muy difíciles de rebatir. Las mujeres no deben participar nunca en este tipo de descalificaciones hacia otras mujeres ni permitir que se produzcan en su presencia.
·         Sentirse invisible. Puede interesar este apartado a todas las mujeres que hayan experimentado las siguientes situaciones alguna vez:
-          Quien dirige una reunión o sesión te pasa de largo cuando has pedido la palabra,
-          Algunas veces no se te requiere para intervenir en un encuentro, reunión o sesión, en el trabajo o en reuniones privadas
-          Nadie comenta o se interesa en lo que has dicho
-          Asuntos que tú has traído a discusión no se incluyen en los informes, en las minutas o en los medios de comunicación.
-          Cuando llega tu turno y empiezas a hablar en una reunión amplia algunos comienzan a mirar el móvil, bostezar, consultar el reloj, conversar en voz baja, levantarse para ir al servicio...
En estos casos hay que reivindicar la propia presencia, así como la de las demás mujeres. Si nadie escucha, debe detenerse el discurso y mirar a la audiencia hasta obtener su atención. Si los temas de las mujeres no se toman en cuenta, ellas deben incluirlos una y otra vez en el orden del día, o retomarlos tantas veces como sea necesario, apoyadas por sus compañeras en comités o reuniones. Hay que sacar de la invisibilidad histórica a las mujeres y a sus actuaciones.
·         Retener información. Un hecho que causa amplia insatisfacción entre las mujeres es que los hombres intercambian información en situaciones informales, fuera de los lugares pensados para ello (reuniones, ejecutivas, debates, plenos). Los hombres se intercambian información, consensúan temas, forman opiniones e incluso toman decisiones en círculos restringidos, mientras toman una cerveza en el bar, antes de la reunión o después de ella, o en las llamadas “comidas de negocios”. Las mujeres no suelen ser invitadas a tales encuentros y tampoco pueden asistir a ellos ya que priorizan sus obligaciones familiares una vez acabadas las reuniones formales. Estos canales de información informales dan un gran resultado en cuanto a conocimiento y contactos, situaciones de los que las mujeres quedan excluidas, con el perjuicio que eso supone para su nivel de información y su actividad política.
·         Proposiciones pirata. Muchas veces las mujeres expresan ideas o comentarios que pasan desapercibidos y comprueban un tiempo después, o incluso más tarde en la misma reunión, cómo los hombres se han apropiado de sus argumentos, haciéndolos propios, y recibiendo elogios y reconocimiento por ellos. Las mujeres suelen quedarse anonadadas, no saben cómo manejar la situación y optan por quedarse calladas sin protestar. Esta reacción pasiva no favorece la autoestima de las mujeres sino que, por el contrario, crea resentimiento y frustración. En casos así las mujeres deben defender sus puntos de vista, reivindicar que han sido ellas las autoras y, sobre todo, aprender a apoyarse mutuamente entre mujeres. Así, si se observa que una mujer está siendo “pirateada”, otra debe intervenir y señalar la autoría: “La propuesta que María originalmente ha planteado...”.
·         Menosprecios. Otra variante de las técnicas de dominación es aquella en que una mujer es tratada con expresiones aparentemente cariñosas o paternalistas en las que realmente se la está subestimando o incluso insultando. No debemos permitir expresiones como: “Mira, tú no entiendes...” o “No comprendes de qué se trata...” o “te contradices...”. Hay que replicarlas haciendo notar que también es posible que sea el interlocutor quien no comprenda o no haya escuchado lo que has dicho como debiera. Otros ejemplos de menosprecio verbal son: “¡Qué guapa te pones cuando te enfadas!” o ¿No eres capaz de entender una broma, niña mía?”o “¿Tienes alguna opinión al respecto, querida mía?”. Todas estas expresiones sirven para neutralizar y desarmar a las mujeres, por ello hay que estar alerta y tener las respuestas a punto, o ignorarlas conscientemente si no se le ocurre ninguna réplica adecuada en el momento.
·         Interrupciones. Un estudio realizado en Norteamérica mostró que el 90% de las interrupciones realizadas en conversaciones y debates las hacían hombres y que estas interrupciones se hacían en mayor medida a las mujeres que a los hombres. Por otra parte, los hombres tienen una gran facilidad para monopolizar las conversaciones con largos discursos. Si una mujer es interrumpida, debe dar a entender claramente que no ha terminado todavía y continuar con su exposición. Si otras personas están charlando mientras ella tiene la palabra, debe detenerse y mirarlas fijamente hasta que comprendan que se están poniendo en ridículo y dejen de conversar. Sólo entonces deberá la ponente continuar su exposición. También aquí debe funcionar el apoyo entre mujeres, incluso aunque no sean del mismo partido. Si una mujer está haciendo uso de la palabra, las otras deben prestarle atención, aunque no se esté de acuerdo con lo que expresa.

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